Acabo de leer de nueva cuenta el libro “Yo oí a los burros rebuznar” escrito por Marguerite P. Boyce, esposa del doctor James Boyce el fundador del Hospital de la Amistad. En el libro narra la historia de un viaje misionero donde los matrimonios Boyce y Wood llegan a Ometepec en un tiempo cuando no existían carreteras y la ciudad se limitaba a unas cuantas cuadras, a lo que ahora conocemos como el centro de la ciudad.
En ese entonces los burros jugaban un papel muy importante en la economía de la ciudad, la mayor parte de las mercancías que se necesitaban llegaban de los pueblos de alrededor por medio de estos animales, que ahora causan muchos accidentes carreteros en la región, pero que en aquel tiempo eran indispensables para el traslado de carga en los caminos y veredas donde grupos de arrieros los conducían llevando y trayendo los productos.
¿A qué vinieron ellos a Ometepec?, ¿Qué los movió a dejar la comodidad que tenían en los Estados Unidos y venirse a un pueblo perdido en las montañas del sur de México?... Pues la fe, eran misioneros de la Iglesia Presbiteriana y venían con la firme intención de propagar su fe en un pueblo prominentemente fanático de la religión católica y las supersticiones, y también con la intención de ayudar a la gente a curar sus enfermedades.
El libro da cuenta de historias desgarradoras acerca del sufrimiento de la gente, que llegaban cargados por sus familiares después de recorrer largas distancias, transportados en hamacas o en camillas, ya sea víctimas de alguna enfermedad o de algún grave accidente.
Ellos enfrentaron rechazo, agresiones y poco a poco empezaron a ganarse la confianza de la gente y se propusieron fundar un Hospital que durante varias décadas fue el único a 100 kilómetros a la redonda.
Es una historia cautivadora, donde el lector se hace una idea muy precisa de la mentalidad de la gente de Ometepec de aquellos tiempos que nada se parece a la caótica y bulliciosa ciudad que es hoy.
Aún podemos ver el Hospital de la Amistad, que en esos tiempos quedaba muy en las afueras de la ciudad, en un lugar céntrico comparado con el tamaño actual de la ciudad, y aunque el propósito con el que fue creado ya se perdió, aún sigue siendo un prestigioso centro hospitalario que recibe pacientes de lugares lejanos, ya que los hospitales dependientes del gobierno dejan mucho que desear.
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