Hace tanto que no tomaba tiempo solo para no hacer nada, unos días sin trabajo que hacer, sin plazos que cumplir y sentirse libre de esas ataduras que representa la presión de terminar algo en determinada hora o fecha, de ver el tiempo acercarse y trabajar de prisa, un tiempo para estar conmigo nomás y evaluar lo que representan para mi las personas que me rodean.
Por fortuna puedo hacer eso cada año entre las fiestas de diciembre, antes de volverme a sumergir en mi trabajo, que me parece fascinante pero me absorbe bastante tiempo. Hoy estoy reanudando mis actividades cotidianas después de una semana de descanso entre Navidad y el cambio de año, mientras recuerdo que hace tanto que no comía dulces, hace tanto que no andaba en ropa interior en la casa, hace tanto que no comía tal cantidad de comida, hace tanto que no escuchaba música de Crí Crí, hace tanto que no hojeaba mis revistas viejas, hace tanto que no me dormía en el piso frío, hace tanto que…
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