Hablar de balas perdidas en nuestro país, es hablar de daños colaterales, es hablar de mala suerte, de estar en el momento equivocado en el lugar equivocado, sin querer, sin darse cuenta.
Pero también es un calificativo que algunos le dan a ciertas personas que no se adaptan a los convencionalismos, y por fortuna o por desgracia, así me han llamado algunas personas pensando que no los escucho o que nunca me daré cuenta de lo que expresan de mí. Las balas perdidas, también tienen su razón de ser, sirven para traer el desorden, sirven para tomar las cosas y ponerlas en sitios donde nadie quería que estuvieran, para poner todo patas arriba, a forzar un cambio de planes…
Pero todos tenemos una vida que vivir, tal y como lo hayamos decidido. Legalmente y hasta moralmente, si cabe el término, nadie se tiene que involucrar en nuestra vida, en lo que hacemos o en lo que no pudimos hacer porque nos sentimos demasiados pequeños para la vida que es tan grande.
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