El Club de los Humildes

...sin pretensiones.

Por fortuna en Ometepec continúa la tradición de fabricar una bebida que es totalmente prehispánica, o sea, que data de antes de la llegada de los españoles a nuestras tierras a imponernos una religión igual de cruel, o más, de la que se profesaba aquí y un idioma en el cual escribo y ustedes me entienden (con nuestro particular acento costeño) y una comida muy desabrida que al juntarse con la que había aquí resultaron unas verdaderas delicias.

Pero me estoy apartando del tema, hoy decidí de hablar de una bebida exquisita: el CHILATE, una bebida color chocolate y con un sabor indescriptible, delicioso, refrescante, el sabor no es como el chocolate, es diferente aunque esté hecha de cacao. Dicen que al algunos lugares le ponen chile, no me imagino un sabor así, pero en fin, cada lugar tiene sus peculiaridades en el inmenso mosaico de la identidad mexicana.

Antes era común ver a señoras vendiendo por las calles esta exquisita bebida, algunas la hacen de leche, que me causa algo de malestares estomacales, así que prefiero la de agua, aún hay algunas señoras que venden, pero ya pocas, no tantas como antes. También he tomado el Chilate en Azoyú, que elaboran de forma casi artesanal algunas amas de casa y que tiene también un uso sacramental dentro de la amplia gama de manifestaciones culturales de ese lugar.

Una señora pasa vendiendo de vez en cuando por esta calle, siempre le compro si trae el chilate de agua, se me hace más sabroso y es ideal para mi sistema que es intolerante a la lactosa.

Mientras tanto: larga vida al cacao y larga vida al chilate, frío, espumoso, indescriptiblemente delicioso.