El Club de los Humildes

...sin pretensiones.

¿Dónde está el Chapulín Colorado cuando se le necesita?, la ciudad ya volvió a la relativa normalidad de siempre, pero en algunas personas aún les pesa en el recuerdo el episodio del sitio a la ciudad por parte de los taxistas, un amigo me hizo llegar el siguiente texto, el vive en Azoyú y le tocó visitar Ometepec en uno de esos fatídicos días... Vamos pues con el texto que me mandó Luis:

“Piensas que haces el bien… pero no sabes a quien …”

El día martes tuve que visitar la Ciudad de Ometepec, donde por un tiempo viví, eso me permitió conocer a mucha gente, algunas de ellas TAXISTAS, la visita se debió a una cita que tenía mi pareja con el Doctor y al llegar mi sorpresa fue que tenía que caminar unos cuantos metros para tomar la Urban, algo que en lo personal no me molestó tanto, pues me imaginé que el bloqueo no tardaría mucho.
Llegamos al Hospital, pero teníamos que ir a comprar unas cosas al Centro y decidí no pagar el servicio de algún Taxi, en el trayecto, al llegar al semáforo (por el Studio 55) me encontré con un conocido, lo conocí en el fútbol y pues el chico sinceramente que no sabe ni para qué trabaja, y en ese momento me saludó y me invitó a que me uniera “al desmadre”, en sí me dijo: “que onda wey, vente al desmadre, aquí estamos haciéndole al cuento, para no estar en la casa, además aquí donde estamos no se gasta la gasolina”. Además me comentó que no sabía con qué fin se hacía el bloqueo, que no sabía quién encabezaba dicho acto.
Creí que lo mejor era despedirme rápidamente, pues a decir verdad solo era pérdida de tiempo el estar conversando con esa persona, así que seguí caminado, ya en mi intento de regresar a Azoyú, me encontré nuevamente con el bloqueo que se encontraba a la altura del Campo Aéreo, y había tres chicas llorando y gritando, una de ellas al parecer herida... no estoy seguro... no alcancé a mirar bien, pero estaban desesperadas por querer ir al Hospital, en ese momento unas personas se acercaron a auxiliar y le gritaban a los taxistas que se movieran, sentí en ese momento un coraje y casi explotaba por la incapacidad de mi parte, al mirar que los hijos del TAXI no se movían.
Después de un rato se movieron para darle paso a la mujer agonizante, y podemos ver claramente hasta dónde se puede llegar cuando estamos segados, somos capaces de seguir al cabecilla y dejar morir a un ser humano, mientras que el Perro Grande está logrando su objetivo.
Dejemos unos días sin comer a los taxistas, para que ellos también sufran y sientan las consecuencias de sus propios actos. Ellos creen hacer un bien, creen que se beneficiarán todos, pero no, los beneficiados serán los dueños de las concesiones y no los taxistas. Pero quienes estaban bloqueando fueron los taxistas, así que no usen el servicio para darles un poco de su propia medicina.