En estos tiempos de crisis, donde al parecer, todo son malas noticias, uno puede consolarse que aún con todas las dificultades económicas que nos encontramos nomás al dar un paso, uno vive mucho mejor que los hombres que fueron hombres extremadamente ricos en la antigüedad, aún con los pocos recursos y comodidades por las que luchamos a cada día... ya quisiera un señor feudal saborear unos ricos tacos de suadero, o unas tostadas de picadillo (pues entonces la comida era muy desabrida), o incluso con todo su dinero jamás podía comprar una vacuna en contra de la peste... ni tenía nada parecido al Seguro Social
En esta leve andanza por los intrincados caminos de mi razonamiento, trataré de demostrar que en la actualidad soy más rico que Atila (406 – 453), fue el último y más poderoso caudillo de los hunos. Atila gobernó el mayor imperio europeo de su tiempo, desde el 434 hasta su muerte en 453. Sus posesiones se extendían desde la Europa Central hasta el Mar Negro, y desde el río Danubio hasta el mar Báltico; por lo mismo extremadamente rico, inmensamente rico de acuerdo a los cánones de de su época, pero aún así no tenía nada que se pareciera remótamente a un baño de agua corriente. Tampoco tenía toallas de papel o una computadora... ¿Cómo se las arreglaba?.
Los libros de historia están llenos de personajes muy opulentos en su época que, comparados conmigo, eran casi indigentes. Yo tengo ventanas con cristales oscuros que durante el día es imposible ver desde afuera hacia dentro de mi casa, pero de adentro de ve bastante bien lo que sucede afuera, además me protegen de las lluvias y del aire que mete mucho polvo a las casas, Creso no las tenía, Alejandro Magno hacía temblar a países enteros, pero no podía conseguir leche deslactosada (soy intolerante a la lactosa) o yogurt, ni se diga meterse a Internet o mandar un e-mail que llega casi al instante al otro lado del mundo, mucho menos un refrigerador como el que tengo.
Claro que aún aspiro a muchas cosas, quiero un televisor de 42 pulgadas como la de mi vecino, y mi riqueza comparada con otros de mis vecinos queda muy mermada, por eso no las comparo con ellos, pues me viene un sentimiento raro... creo que le dicen “envidia”.
Desde luego, con la crisis encima y con astronómicos impuestos que nuestro gobierno del empleo nos quiere enjaretar, una forma de alcanzar una sensación de bienestar y felicidad sería darme cuenta cabal de que, aún para nuestra época, las cosas que poseo son muy apreciables. Mi casa es mucho más pequeña que las de los caciques de la región, pero mucho más pequeña, pero creo que es suficiente para mi.
Además, a quienes estudien nuestra época dentro de uno o dos siglos, los elegantes muebles de cocina de esos caciques y los míos bastantes rústicos y gastados, les parecerán igual de primitivos. Hoy no puedo competir con los caciques o los políticos, pero en el futuro...
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