Por fin terminaron las campañas, un suplicio que por fortuna no veremos el resto del año, gentecilla de corazón pequeño y una enorme perritura por el poder y por agenciarse un sueldazo entre otras prerrogativas, se la pasan durante meses actuando y convenciendo a la población de que el y su partido son los idóneos para gobernarlos, lo que a estas alturas la mayor parte de los ciudadanos lo ve como un circo patético de duendes haciendo el ridículo y haciéndoles ver que la contraparte es mala y el bueno. Y es que la política, sobre todo en tiempos de campañas, es como limpiar un vidrio de una ventana, la suciedad está del otro lado, siempre, y tienen que vender esa idea a la mayor cantidad de incautos posible, y eso cuesta dinero, pero los incautos lo pagan.
Los caciques de la Costa Chica siguen llevando a cabo su mismo sistema de siempre, andan visitando hasta las poblaciones más humildes y regalándoles despensas o artículos, baratijas, para recordarles que deben votar por ellos, y dándole un discurso que ni entienden ni les importa, porque eso nunca ha funcionado para ellos. Y luego no vuelven más... hasta que haya de nuevo elecciones.
Colofón:
Bueno, hoy le hago una edición a este aporte, ya que tengo que poner una foto que un contacto de TWITTER mandó, que sin duda refleja la coherencia de los argumentos de las campañas:
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