El Club de los Humildes

...sin pretensiones.

Fue un fin de semana de esos extraños, en el que se conjugaron los festejos del día del padre, la lluvia, mis malestares estomacales por comer en la calle y el esfuerzo de las autoridades del área agrícola y ganadera de nuestro país para que la población le vuelva a tener confianza a la carne de “cuche”, cerdo, puerco, cochino, chancho y otros nombres que se refieren al mismo animal, y que también pueden servir de calificativos para aplicarse a los políticos, jueces, a ciertos servidores públicos y a algunos empresarios inescrupulosos.

A pesar de la vida tipo salario mínimo que tuve en mi niñez, el siempre estuvo a nuestro lado, llevando en brazos al niño enfermizo con el doctor, trayendo lo necesario para la subsistencia de la familia y procurando que sus hijos estudiaran y que no quedaran como él: sin estudios, sin saber leer, pero atento a necesidades de su familia, siempre íntegro, con la cara de preocupación por la salud de sus vástagos, orgulloso los avances escolares de sus hijos.

A estas alturas aún puedo notar los mismos rasgos de preocupación en su rostro cada vez que me llevan a urgencias, cada vez que tengo que viajar a la ciudad de México pos razones de mi salud, pero el se muestra inamovible, dándole fortaleza a ella, que siempre está a su lado.

Me considero afortunado por los padres que tuve, que si bien no me dieron todo lo que yo quería o necesitaba, si me enseñaron a conseguirlo por mí mismo, partiendo desde su visión del mundo y de la vida que consiste en la honradez, el respeto y la consideración por nuestro semejantes. Con dolor me vieron partir y con alegría me vieron regresar con un cúmulo de experiencias, nuevos conocimientos y desengaños, siempre avalando mis proyectos, siempre respetando las circunstancias actuales de mi vida, siempre apoyándome y dándome la libertad de actuar y de ser. Gracias papá.