El Club de los Humildes

...sin pretensiones.

El nunca había carecido de amor, había recibido el necesario de las personas más allegadas, a pesar de eso, se sentía solo, aunque se había relacionado de diferentes formas, en diferentes ámbitos y de diferente manera con muchas personas tenía fija la sensación de que era algo efímero, pues en el momento que se iniciaba una amistad o relación también empezaban las despedidas... Y es que nadie había estado tan dispuesto a enfrentar la vida con el de una forma abierta, como el había soñado muchas veces, tantas que ya estaba convencido que era sólo un sueño...

Pero tenía que venir alguien, quien le ofreciera su amistad a costa de todo, alguien a quien no le importara el pasado, las circunstancias que lo rodeaban, y que lo doblegara de una forma tan tajante, en una simple frase... “por tu amistad... me la juego”.

El no supo que decir, sólo sintió que una coraza se rompía y los ojos se nublaban y se dió cuenta de que ya nunca estaría sólo, y que estaría dispuesto a dar la vida por esa amistad y que ya no habría despedidas repentinas, ni traiciones... sólo la seguridad de que se tiene a alguien.