El Club de los Humildes

...sin pretensiones.

Con algunas semanas de retraso, debido a la contingencia epid epimedio epi-de-mio-ló-gi-co, digo epidemiológica a los niños del jardín de niños donde asiste mi sobrinita le celebraron el día del niño, así que llegó contenta con su bolsa de dulces, y me regaló una chipileta... que es una paleta de caramelo en una bolsita que trae un polvito dulce y ácido y ligeramente picante...

Cuando vi la bolsita naranja, con el dibujo de una ardilla me vinieron muchos recuerdos: la secundaria, las tareas, los compañeros que ya perdí de vista, los salones sin ventanas, el mobiliario ajado, los baños asquerosos, la prefecta amargada, el maestro que odiaba a los “guancos”, la tienda de la escuela y la chipileta que me compraba al salir de la escuela y que me disfrutaba de camino a casa, era para lo único que me alcanzaba después del desayuno en la escuela.

Cuando la probé vino otro andanada de recuerdos: la reja de la escuela, la calle sin pavimentar, el polvo que levantaban los autos, los charcos en la calle, el tramo de camino empedrado, los perros que siempre me ladraban desde su cercado...

Es increíble como la mente, al menos la mía, puede relacionar los sabores y olores con recuerdos, que sólo basta cerrar los ojos para visualizarlos con mayor claridad y mientras disfrutaba mi CHIPILETA, pude evadirme por un momento del montón de trabajo pendiente que tengo, de los conflictos existenciales actuales y de todo el tedio que se vive actualmente en esta ciudad... tan diferente de aquellos tiempos en que sonreía a cada momento y parecía ser feliz...

Diantres... creo que si, soy un nostálgico...